En mi Montevideo -el Montevideo de las décadas del 50 y del 60- las peluquerías de barrio eran como catedrales del tradicionalismo rioplatense.
Un lugar de concurrencia exclusivamente varonil -las mujeres entraban solamente para traer o llevar a sus hijos-, allí siempre se encontraba un retrato de "El Mago" colgado como en un altar adornado
con numerosas fotos y banderines de equipos y jugadores que ya han pasado a la gloria. Sin faltar el viejo receptor, en un estante sobre la pared, sintonizando "Radio Artigas"
-y luego "CX58 Clarín"-, para que el ambiente se tapizara con toda la música típica y folklórica del Río de la Plata. La única excepción eran los días de fútbol, entoces el tango le
ced&iacte;a su lugar a las voces de Heber Pinto o del inolvidable Solé para alentar una tarde emocionante.
Y mientras el peluquero te daba vuelta para adentro el collar de la camisa y te ataba su almidonado peinador de algodón firmemente alrededor del cogote, la inevitable conversación a través del espejo empezaba de esta manera:
-¿Cómo le corto?
-Y, un poquito nomás, acá atrás y en los costados...
-¿Qué me cuenta del partido?
Y así, el corte de pelo pasaba desapercibido, mientras se recontaban las jugadas, los fauls, las trampas y todas las injusticias de aquel partido.
Te invito a revivir esa época tan memorable por medio de las grabaciones que estás escuchando en la radio de la Peluquería de mi Barrio.