CUARTA PARTE

 


  PIONA


Dende muy gurisita
se te gana en la ropa y en el cuero
ese tufo emperrao de las cocinas
qu'es mestura de hoyín, de humo y de sebo,
y atrás del que anda siempre'l macherío
como perrada hambrienta atrás de un güeso.

No bien los catorce años
t'encarosan los pechos
y la naciente redondés de'l'anca
t'enyena el vestidito'e percal viejo,
ya el algariao patrón, o el mayordomo,
andan buscando ande tumbar tu cuerpo.

Y en cuanto t'hincha el vientre'l primer hijo,
ya se cren con derecho
a un lugar en tu catre y en tu carne
hasta los pobres piones galponeros,
porque vos, infelís, sos en el campo
láunica cosa que no tiene dueño.

Cuasi no hay año que no echés al mundo
un gurí rubio, amulatao o negro,
porqu'en las noches emparejadoras
se confunden los pelos,
y más si son dos vidas solitarias
las qu'entreveran sangre y sufrimiento.

Uno aquí y otro ayá, por las estancias
-pelusa'e cardo qu'esparrama el viento-,
esos hijos sin padre se te quedan,
mientras vos ves gastarse tu deseo
de ajuntarlos un día
en un rancho con sol, alegre y nuevo.

Y así vas, de hombre en hombre,
de cocina en cocina envejeciendo,
hasta qu'inútil ya, descangayada,
sin servir pal fregón ni pa los besos,
terminás cuasi siempre tu esistencia
cebando mate'n un quilombo'e pueblo!


 

  CHIRIPA


Venís del tiempo del coraje grande,
que se salía del pecho en las patriadas
pa salvar el destino de una tierra
que al fin no jué de los que la salvaran.

Del tiempo aquel en qu'el gauchaje pobre
no topaba alambraos que lo embretaran,
ni se véia de a pie por los caminos
p'ande aura lo rempujan las estancias.

Eras entonce'de merino negro
-a menudo floriado con sangre brava-,
y te ufanabas de lucir cuaternos
abiertos por la sarpa'e las tacuaras.

Concluídas las lioneras, vos viviste
sacando música'e las pamperadas,
manchando'e noche'l lomo'e los baguales
y tauriando entre chinas y guitarras.

A ocasiones tu dueño, presumido,
con un oriyo'e seda te adornaba
-celeste o colorao, sigún el pelo-,
pa compadriar en bailes y tabiadas.

Dispués te jué borrando la pobresa.
Tu color toldo s'hizo color rata.
De nada te valieron ya tus mentas
ni tu heroico pasao, mordido'e lansas.

Hoy sos de bolsa pingajienta y sucia
y apariás -por galpones y por chacras-
tu suerte a la de algún nieto del gaucho
que t'estreyó de sangre'n las batayas.

Y achicharraos po'el juego'e los mormasos
o tajiaos po'el vidriaje' las escarchas,
cinchan los dos en yunta, porque hay algo
que nunca se acalambra: ¡la esperanza!


 

  TAMANGO


Con un pedaso'e cuero,
un tiento y una lesna,
te idió en alguna chacra
la mano'e la pobresa,
pa qu'hicieras más blandos los terrones
y menos bruto el sol que arde'n las melgas.

Sos un calsao humilde y sin historia
lo mesmo qu'el paisano que te yeva.
Naciste pa tranquiar, porfiado y guapo,
siempre atrás de la reja,
que v'aliñando surcos, y más surcos
en su dir y venir, d'estreya a estreya.

Tal ves la bota'e potro,
con toditas sus mentas,
no tuvo nunca ese coraje tuyo,
cayao y aguantador com'una piedra,
qu'inoran las vigüelas y la fama
porque anda siempre hundido entre la tierra.

Tu destino es igual qu'el de tu dueño:
un destino apagao y sin leyendas,
que no va más ayá del rancho negro
and'encajó su marca la miseria,
y ande hasta los gurises
se han olvidao de réirse, a juersa'e penas.

Entendés más de cayos que de sangre,
más de silencios que de ruido'e guerras,
y mostrás cascarón de barro escuro
en lugar de estreyudas nasarenas:
por eso es que tu nombre
no cabe en las payadas noveleras.

Tamango, sos lo mesmo
qu'el sufrido paisano que te yeva:
un humilde coraje sin historia,
amansador d'heladas curuyeras,
que se gasta tranquiando entre los surcos
ande hundió su destino la pobresa.


 

  GURISES


Cuasi siempre los pare una sirvienta
que también nació así, como los gatos,
en un catre arrumbrao y color mugre
o en el suelo nomás, arriba'e trapos.

Dispués, en un cajón, negriando'e moscas
el chupete sin leche, sucio y agrio,
aprienden poco a poco que de nada
en la vida'e los pobres sirve'l yanto.

Y se quedan cayaos horas enteras,
mordiendo sus piesitos y oservando
a la madre, que va de un lao pal otro
con su olor a fregones y a trabajo.

Cuanto saben gatiar ya precipean
a juirse a los galpones y a los patios,
y áhi se crían, lambidos por los perros
y comiendo imundicias con los chanchos.

De jugar cuasi nunca tienen tiempo.
Muy lejo'en lejo', cuando viene a mano,
paran rodeo a una tropiya'e güesos
o arman alguna boliadora'e marlos.

Y apenitas aprienden'andar solos
y aguantarse'n el lomo de un cabayo,
ya'stán entreveraos con la pionada,
pagándose'l pirón y los andrajos.

¡asina los he visto en las estancias
de portera a candao y de güen pasto,
and'entr'hileras de alambraos tirantes
lustran el anca los noviyos chatos!


 

  TAPERA


En la oriyita de un camino muerto
po'el que no crusa ya ni un alma en pena,
más solita que crus en tumba'e pobre
te consumís, tapera,
rumiando tus memorias niblinosas
mientras carcome'l tiempo tu osamenta.

Los vientos aburridos s'entretienen
en desmechar tu quincha'e paja seca,
y encuadriyaos con el abrojo grande
y el yuyo colorao -qu'es pior que lepra-,
ortigales machasos
de tu vejés ya van tomando cuenta.

Por los rombones que te ha abierto'l'agua
meten tuitas las noches su alma negra,
enseñando el camino a las babosas,
que también e la entraña se te cuelan,
y a cuanta chamuchina
anda po'el campo en busca'e madriguera.

Y al ñudo se proponen alegrarte,
armando un bail'e lus en tu cumbrera,
esos soles güenasos,
que hasta en el lomo'e los inviernos yegan
a calentarle'l cuero al pobrerío
sin poncho no fogón, que por ahí pena.

Por tu tirante acarunchao, cacunda,
por tus cáidas tijeras,
por los terrones que se te amojosan
bordaos de telas de arañas secas,
anda tuavía el ricuerdo de las vidas
que anidaron un tiempo en tu pobresa.

Y en vano preguntás al bicherío
qu'en tu suelo pastudo ha hecho querencia,
qué jué del par de viejos,
de los gurises y la mosa aqueya,
que un crudo invierno, en el carrito enclenque,
repuntó pal camino la miseria.




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